Una hora antes del pitido inicial en el Estadio Akron, Michel Nkuka Mboladinga ya estaba en su asiento. Chaqueta y corbata rojo brillante, camisa amarilla, pantalones azules. Listo, por fin, para su debut en el Mundial.
El martes, en el partido entre Congo y Colombia, la estatua viviente más famosa del fútbol africano pisó por primera vez un estadio de la Copa Mundial de la FIFA. No fue fácil llegar hasta ahí.
Michel Nkuka Mboladinga (the statue) is back in the stands tonight for the Congo👀 pic.twitter.com/uaQHTXBqyE
— Novig (@Novig) June 24, 2026 Nkuka Mboladinga se perdió el debut del Congo ante Portugal —empate 1-1 la semana pasada en Houston— por los requisitos de cuarentena derivados del ébola. Y antes de eso, cuando el Congo aseguró su regreso al torneo tras 52 años de ausencia en el partido de repechaje contra Jamaica, tampoco pudo estar: viajó a Kenia y luego a Etiopía en un intento desesperado de conseguir una visa, pero no llegó a tiempo.
Esta vez sí. Inmóvil sobre un pedestal detrás del banquillo congoleño, con el brazo derecho en alto durante todo el encuentro, Nkuka Mboladinga encarnó a Patrice Lumumba: el líder independentista que en 1960 ayudó a poner fin al dominio colonial de Bélgica sobre el Congo y que se convirtió en el primer primer ministro del país recién independizado, antes de ser asesinado en menos de un año tras asumir el poder, durante la lucha contra un movimiento secesionista respaldado por Bélgica en la región de Katanga.
La figura de Lumumba carga hoy más peso que nunca. En marzo, un tribunal belga ordenó que Etienne Davignon —93 años, el último con vida de los diez belgas sospechosos de involucramiento en el crimen— sea juzgado por el asesinato del líder congoleño. Davignon enfrenta cargos de participación en crímenes de guerra por su papel en la detención y traslado ilegales de Lumumba.
Nkuka Mboladinga no quiso dar declaraciones. Pero cuando le preguntaron si estaba contento de haber llegado por fin al Mundial, asintió y sonrió.
Eso bastó.

