Luis Arráez llegó al Truist Park anoche y se lo llevó puesto. Un jonrón de dos carreras en la segunda entrada, un sencillo productor en la novena y cuatro remolcadas en total: así fue la noche del venezolano, que resultó ser demasiado para unos Bravos de Atlanta que no encuentran la forma de cortar su racha negativa.
Los Gigantes de San Francisco se impusieron 7-5 con tres vuelacercas en el juego y suman ahora tres victorias consecutivas.
La segunda entrada lo dijo todo
El partido quedó prácticamente definido antes de que Atlanta pudiera parpadear. En la parte alta de la segunda entrada, los Gigantes encadenaron tres jonrones seguidos: Willy Adames abrió el fuego con un bambinazo al jardín izquierdo, Arráez lo siguió con un cohete al jardín derecho que empujó dos carreras, y Bryce Eldridge cerró la racha con otro cuadrangular al centro. Cuatro carreras en esa manga, marcador 5-0, y JR Ritchie —que terminaría la tarde con cinco carreras limpias en cinco entradas— ya estaba contra las cuerdas.
Arráez, que batea .326 en la temporada, no necesita muchos turnos para hacer daño. Anoche lo confirmó: dos hits en cuatro viajes al plato, pero los dos en los momentos precisos.
Whisenhunt aguantó lo necesario
Carson Whisenhunt no fue dominante, pero fue suficiente. El abridor de los Gigantes trabajó cinco entradas completas, repartió seis imparables y dos carreras limpias, y le entregó el juego a un cuerpo de relevistas que —con algún susto— terminó de hacer el trabajo. JT Brubaker, Sam Hentges y Ryan Walker sumaron tres entradas limpias entre los tres antes de que Matt Gage sufriera en la baja de la novena entrada: cuatro hits y tres carreras limpias en un tercio de inning que convirtió un resultado tranquilo en uno que hubo que cerrar con candado.
Fue Tristan Beck quien apagó el incendio con el marcador 7-5 para llevarse su primer salvado de la temporada, aunque con la presión justa para que nadie se durmiera en el banco.
Atlanta descontó tarde y poco
Los Bravos no estuvieron inactivos: doce imparables en el partido, incluyendo un jonrón de Mauricio Dubón en la novena entrada que empujó dos carreras, y un rodado de Ozzie Albies que puso el marcador final en 7-5. Austin Riley conectó tres hits y Matt Olson otros tres. Pero los números de bateo de Atlanta anoche son, en buena medida, un espejismo: llegaron cuando el partido ya estaba resuelto.
Tres derrotas consecutivas para un equipo que lidera la División Este de la Liga Nacional con récord de 46-27 pero que en los últimos diez partidos apenas ha ganado cuatro. El diferencial de carreras en la temporada sigue siendo impresionante —más cien—, pero algo no cuadra en estos días.
Los Gigantes, por su parte, siguen siendo lo que son: un equipo de 31-43 que a ratos recuerda que puede ganar béisbol. Tres victorias seguidas no cambian la aritmética —están a 16.5 juegos de los Dodgers de Los Ángeles en la División Oeste de la Liga Nacional y a 7.5 del último comodín—, pero Arráez conectando jonrones y la alineación sacando tres cuadrangulares en una entrada es, al menos, una noche para disfrutar en San Francisco.
Para Atlanta, la pregunta es cuándo termina este bache. Tres derrotas seguidas no deberían alarmar a nadie con ese récord, pero el calendario no espera.

