Velocidades de salida que rozan las 116 mph, un físico imponente de 6’3″ y 225 libras, y una rodilla que lo tuvo frenado buena parte del año. Gabriel Rincones Jr. llegó a las Grandes Ligas con todo ese equipaje, y los Filis de Filadelfia decidieron que ya era el momento.
La organización de Filadelfia promovió al jardinero zurdo a su roster activo en medio de la temporada, cerrando un camino que había arrancado con tropiezos. Dolencias en la rodilla retrasaron su debut en la campaña regular, obligándolo a transitar primero por filiales de Clase-A —Clearwater y Jersey Shore— en un proceso de rehabilitación antes de regresar a Triple-A a finales de mayo.
Con los Lehigh Valley IronPigs retomó el hilo. Y desde allí llegó el llamado.
Rincones Jr. no es un nombre nuevo dentro de la organización. Los Filis lo seleccionaron en la tercera ronda del Draft 2022, proveniente de Florida Atlantic University, y lo protegieron en el roster de 40 hombres —señal inequívoca de que Filadelfia lo considera pieza de futuro cercano. El poder que exhibe es de los que encajan en la categoría élite: velocidades de salida de bateo que rozan las 116 mph en Triple-A son un argumento difícil de ignorar para cualquier organización.
Su historia tiene raíces en el béisbol venezolano. Su padre, Gabriel Rincones, fue lanzador, y el hijo lleva en su ficha de invierno la pertenencia a la reserva de los Navegantes del Magallanes en la Liga Venezolana de Béisbol Profesional.
Ahora toca demostrar que esas cifras de bateo se traducen en producción en el nivel más alto. La rodilla aguantó; el resto depende de él.

