Había entradas para las Finales de la NBA que se vendieron por 50.000 dólares. Otras, por 5.000. Todas conducían al mismo lugar: el Garden, y a Jalen Brunson.
Cuando los New York Knicks levantaron su primer título en más de medio siglo, el nombre que resonó con más fuerza no fue el de una estrella importada ni el de un fichaje de último momento. Fue el de un base que, un año antes, había renunciado voluntariamente a 113 millones de dólares para que su franquicia pudiera construir algo real. Brunson fue nombrado MVP de las Finales. La apuesta le salió bien.
La decisión que lo cambió todo
En 2024, cuando Brunson firmó su extensión de cuatro años con Nueva York —un acuerdo que podría valer 156,5 millones de dólares—, dejó sobre la mesa una cantidad que la mayoría de los jugadores ni siquiera se plantearía rechazar. Si hubiera esperado hasta 2025, habría sido elegible para un contrato de cinco años y 269 millones de dólares. Eligió no esperar, y eligió cobrar menos.
Lo que consiguió a cambio fue margen de maniobra para la franquicia. Con ese espacio, los Knicks incorporaron a Mikal Bridges y a Karl-Anthony Towns. La plantilla que terminó ganando el campeonato fue posible, en buena medida, porque Brunson cedió primero.
La ironía es que esa generosidad podría convertirse en su mejor negocio: la próxima extensión de Brunson podría superar los 300 millones de dólares.
Un equipo que no sabía ganar
Para entender lo que significa este título, hace falta un número: cuatro. Los Knicks ganaron cuatro temporadas en un lapso de 21 años antes de que Brunson llegara. En los cuatro años que lleva vistiendo la camiseta de Nueva York, el equipo ha encadenado cuatro temporadas ganadoras. La correlación no es casualidad.
El contraste en playoffs es todavía más elocuente. De 1998 a 2022, los Knicks ganaron siete series en total. Con Brunson en la alineación, ganaron ocho. En menos tiempo.
Ese cambio de cultura tiene un nombre, y lleva el número que sea que Brunson use en su camiseta.
Infravalorado hasta el final
Incluso mientras acumulaba tres selecciones consecutivas al Juego de Estrellas y promediaba al menos 26 puntos en tres temporadas seguidas, el debate sobre Brunson nunca terminó del todo. Había quienes seguían sin colocarlo en la conversación junto a Nikola Jokic, Shai Gilgeous-Alexander, Kevin Durant o Giannis Antetokounmpo.
Su compañero Josh Hart lo dice sin rodeos:
«Creo que todavía está infravalorado en la liga, y sigue demostrando que la gente se equivoca, partido a partido, serie a serie, aparición en playoffs tras aparición en playoffs» — Josh Hart
Y luego agrega algo más personal:
«Como amigo, como compañero, es gracioso porque sabes que es uno de los mejores jugadores de la liga, y te alegra que esté empezando a recibir algo de reconocimiento» — Josh Hart
Desde el banquillo rival, el técnico de los San Antonio Spurs, Mitch Johnson, no escatimó en elogios:
«Es un jugador tremendo, con habilidad, elige sus momentos, conoce sus ángulos, lanza tiros con marca sin acelerarse. Es un jugador fenomenal» — Mitch Johnson
De Villanova al Garden
Hay algo en la trayectoria de Brunson que habla de saber ganar en el momento justo. Ganó el campeonato universitario con Villanova en 2016, en Houston. Volvió a ganarlo en 2018, esta vez en San Antonio. Se unió a los Knicks en 2022. Y ahora, el título de la NBA.
La historia de Brunson no es la de alguien que persiguió el dinero ni la de alguien que buscó el camino fácil. Es la de un jugador que apostó por su equipo antes de apostar por su contrato, y que terminó ganando ambas cosas.
Lo que venga después —ese contrato que podría superar los 300 millones— será la confirmación de lo que el trofeo de MVP de las Finales ya dijo en voz alta.

