El abandono (DNF) de Max Verstappen en el Gran Premio de Mónaco no fue una sorpresa técnica para Red Bull Racing: la escudería austriaca ya tenía planificado reemplazar la unidad de potencia de su piloto estrella antes de la cita de Barcelona, según confirmó el director de equipo Laurent Mekies.
Los problemas comenzaron antes incluso de que se apagaran las luces. Verstappen notó anomalías durante la vuelta de formación, luego no logró llevar las RPM a la ventana correcta en el procedimiento previo a la salida, y el golpe definitivo llegó en el instante en que soltó el embrague: la unidad de potencia murió por completo.
«Hemos identificado cuál es el problema», declaró Mekies ante los medios, sin entrar en más detalles técnicos. «Se desarrolló en la vuelta de formación y no le dio a él ni a nosotros ninguna oportunidad. Eso es lo que ocurrió».
La UP de Mónaco ya estaba condenada al retiro
Mekies reveló un dato que contextualiza el episodio: la unidad de potencia (UP) que montaba Verstappen era la primera de la temporada y su sustitución estaba programada independientemente del resultado en el Principado.
«Como quizás saben, era también la primera UP de Max esta temporada, que estaba planificada para ser cambiada después de Mónaco», explicó el director de equipo.
Esta es una práctica habitual en la Fórmula 1. Mónaco, con su trazado lento y sinuoso, no es un circuito donde la potencia marque diferencias significativas, por lo que muchas escuderías aprovechan la cita monegasca para agotar una unidad antigua antes de estrenar una nueva en Barcelona, donde la recta principal y las curvas de alta velocidad sí penalizan a los motores menos frescos.
Aun así, Mekies no escondió la decepción: «No es lo que queríamos. Obviamente, solo podemos pedirnos disculpas a Max porque el trabajo que había hecho con el equipo para alcanzar ese nivel de ritmo en Mónaco fue sobresaliente. Probablemente es pronto para hablar de cuál es la solución, pero creemos haber identificado el problema».
Verstappen mira hacia Barcelona con cautela
El propio Verstappen reconoció que el abandono no le golpeó con la misma intensidad que hubiera tenido en otras circunstancias. El cuatro veces campeón del mundo marcha séptimo en el campeonato de pilotos, lo que amortigua el impacto psicológico de no puntuar en el Principado.
«Si estuviera liderando el campeonato, sería muy, muy doloroso. Así, duele menos, pero sigue siendo muy molesto y decepcionante para todos», admitió el neerlandés. «Sabemos que todos quieren terminar cada carrera, pero espero que entendamos rápidamente qué es y que podamos solucionarlo de cara al futuro».
Lo que sí rescata Red Bull de Mónaco es el ritmo puro demostrado en clasificación, donde Verstappen largó desde la segunda posición, un resultado que él mismo había anticipado con ironía días antes al bromear con que necesitaría «una espalda nueva» para aguantar el fin de semana en las calles del Principado.
«Max fue fuerte el viernes, intentamos extraer un poco más, no lo logramos en los EL3 (terceros entrenamientos libres), así que tuvimos que encontrar otro punto óptimo», repasó Mekies. «Los chicos fueron brillantes encontrando ese punto óptimo, probablemente mejor que el del viernes, al menos para la clasificación».
Sin embargo, el propio Verstappen advierte que Barcelona será el verdadero examen para la escudería. «Hemos sido rápidos en circuitos lentos con pocas curvas de alta velocidad, que es lo que ha sido, según lo que he visto este año, un punto débil nuestro», reconoció. «Espero que con los cambios que hemos hecho al coche mejore, pero claro que no sé en qué medida».
Mónaco dejó señales alentadoras, pero la respuesta real llegará en la recta de Montmeló.

