Sal Stewart llegó al Yankee Stadium este sábado y se comportó como si el estadio fuera suyo. Seis carreras remolcadas, dos dobles que partieron el partido en dos y una actuación que los Yankees no olvidarán pronto: los Rojos de Cincinnati se llevaron el juego 10-2 y dejaron al líder de la División Este de la Liga Americana con el primer sabor amargo de la semana.
El partido tenía dueño desde la tercera entrada. Con los Yankees arriba 1-0 gracias al jonrón solitario de Paul Goldschmidt en la baja de la primera entrada, Stewart tomó turno al bate con dos hombres en base y despachó un doble al jardín izquierdo que empujó a Edwin Arroyo y Blake Dunn. Dos carreras, ventaja de Cincinnati, y el tono del resto de la tarde ya estaba marcado.
Lo que vino en la quinta entrada terminó de definir el resultado. Spencer Steer conectó un jonrón de tres carreras al jardín izquierdo central —el duodécimo del año— para poner el marcador 6-1, y en el mismo episodio Stewart añadió un elevado de sacrificio que empujó otra más. Cuatro carreras en una entrada, suficiente para que Will Warren recogiera sus cosas antes de que terminara la sexta entrada con dos outs registrados. El abridor de los Yankees se fue con una línea de 5.2 entradas, ocho imparables y dos carreras limpias, pero el daño real lo hizo el relevo: Ryan Yarbrough entró en la octava entrada y recibió cinco hits y cuatro carreras limpias en apenas una entrada de trabajo.
Fue ahí donde Stewart puso el broche de oro. Doble al jardín central, tres carreras más que anotaron José Trevino, Arroyo y Dunn. El marcador llegó a 9-1 y el estadio del Bronx ya no tenía argumento. Dane Myers completó la entrada con otro doble que empujó la décima carrera de los Rojos.
Del otro lado del diamante, Andrew Abbott cumplió su parte con solvencia. Cinco entradas completas, una sola carrera limpia, seis ponches. No fue una salida dominante en papel, pero fue suficiente para que su bullpen cerrara sin sobresaltos: Tejay Antone trabajó dos entradas limpias y Chase Petty añadió otra más sin permitir carreras.
Edwin Arroyo fue otro factor silencioso pero constante: cuatro imparables en cinco turnos y dos carreras anotadas. Cincinnati conectó 15 hits en total, aunque no todo fue impecable —los Rojos cometieron tres errores defensivos, uno de ellos de Arroyo en la octava entrada que le permitió avanzar a José Caballero—. En una victoria de esta magnitud, los errores quedan en anécdota.
Los Yankees siguen líderes de la División Este de la Liga Americana con marca de 46-29, 2.5 juegos por delante de los Rays de Tampa Bay. Un tropiezo no borra lo que llevan construido —siete victorias en sus últimos diez partidos y un diferencial de carreras de +115 en la temporada—. Pero que los Rojos, un equipo que pelea a 3.5 juegos del comodín, les hayan sacado ocho carreras de diferencia en el Bronx es el tipo de tarde que te recuerda que en el béisbol nadie tiene el resultado garantizado antes del primer lanzamiento.
Stewart lo sabe mejor que nadie. Seis remolcadas en un sábado de junio, en el estadio del rival más ganador de la Liga Americana. No es mal modo de presentarse.

