Ningún reglamento en la historia de las Grandes Ligas lleva el nombre de un jugador en activo. El de Shohei Ohtani sí. Y esa rareza, que nació para permitirle batear y lanzar el mismo día, ya no es la única concesión que la liga parece dispuesta a hacerle al japonés de los Dodgers de Los Ángeles.
El miércoles, en el cierre de la serie entre Los Ángeles y los Azulejos de Toronto, el jardinero George Springer encendió la mecha al cuestionar en voz alta cuánto tiempo estaban permitiendo los árbitros que Ohtani calentara en el montículo antes de comenzar la entrada. La reacción del mánager de los Dodgers, Dave Roberts, no tardó en llegar. Pero la discusión que se abrió ese día va bastante más allá de un rifi-rafe entre dugouts.
El reloj, el árbitro y la rutina que nadie más tiene
MLB opera con un reloj de dos minutos que comienza en cuanto termina cada medio inning. Al vencer ese tiempo, se supone que debe iniciarse el siguiente turno al bate. Sin embargo, el reglamento deja un margen deliberado de discrecionalidad al árbitro principal, y esa discrecionalidad, de manera sistemática, termina beneficiando a Ohtani.
El mecanismo es sencillo de entender: Ohtani bateó de primero en la parte alta del primer inning del miércoles, llegó a base y permaneció ahí hasta que Toronto completó la entrada. Para cuando regresó al dugout, se cambió el equipo y salió al montículo, quedaba menos de un minuto en el reloj, tiempo insuficiente para completar su rutina habitual de calentamiento. El árbitro de home, Dan Bellino, le concedió el tiempo adicional que necesitaba. Springer, desde el terreno, preguntó en voz alta qué estaba pasando.
Some drama between the #BlueJays and #Dodgers.
George Springer approached HP umpire Dan Bellino to inquire about the amount of warmup time for Shohei Ohtani.
Dave Roberts was visibly annoyed in the dugout.
(📹: @sportsnet) #BlueJays50 pic.twitter.com/HwghO9tdnQ
— Daniele Franceschi (@Daniele_Media) April 8, 2026 No fue la primera vez. En el Juego 7 de la Serie Mundial del otoño pasado, los propios Azulejos ya habían planteado el mismo problema. Y no son los únicos: varios equipos han expresado su malestar ante lo que consideran una aplicación selectiva del reglamento en favor del jugador más taquillero de la liga.
Una ventaja que se viste de precaución
El argumento de los Dodgers tiene lógica propia. Ohtani no llega tarde al montículo por descuido ni por capricho: es la consecuencia directa de haber bateado en la entrada anterior. Obligarlo a lanzar a máxima intensidad sin haber completado su calentamiento representaría, en teoría, un riesgo real de lesión. ¿Qué tiene de malo ser flexible?
Bastante, si eres uno de los otros 29 equipos de la liga.
La inflexibilidad del reglamento es, precisamente, su garantía de equidad. Si cualquier otro equipo pusiera a su lanzador a batear, ese pitcher tendría que ajustarse al mismo reloj que todos los demás. Nadie le garantizaría tiempo extra. La pregunta incómoda que plantan los Azulejos —y que nadie en MLB parece tener prisa por responder— es por qué la solución al problema de Ohtani consiste en darle a los Dodgers lo que piden, sin más.
La regla que lleva su nombre y las que aún no tienen nombre
Lo que hace Ohtani no tiene precedente en la historia moderna del béisbol. Eso, por sí solo, es un argumento legítimo para decisiones sin precedente. MLB ya lo reconoció cuando adoptó la llamada “Regla Ohtani”, que le permite figurar simultáneamente como bateador designado y lanzador en la misma alineación. Fue una adaptación razonable para una situación sin parangón.
Pero hay una diferencia entre adaptar el reglamento para que algo sea posible y aplicarlo de manera laxa para que sea más cómodo. El primero es legislar; el segundo es hacer la vista gorda. Y cuando esa vista gorda favorece sistemáticamente al jugador más popular de la liga, que además viste la camiseta de los actuales campeones mundiales en dos ocasiones consecutivas, la percepción de favoritismo tiene bases concretas, no solo emocionales.
Hacer lo que Ohtani hace se supone que es difícil. De hecho, que jamás lo hayamos visto en la era moderna es evidencia suficiente de esa dificultad. Jugar de manera bidireccional a tiempo completo trae consecuencias; entre ellas, la de tener que gestionar la transición entre batear y lanzar dentro de los mismos límites reglamentarios que cualquier otro equipo. Si esa gestión resulta imposible bajo las reglas vigentes, la pregunta que MLB tendrá que responder tarde o temprano es si la solución es reescribir las reglas para todos… o simplemente seguir mirando hacia otro lado.
Los Azulejos, y otros veintiocho equipos que observan desde afuera, no creen que esa sea una respuesta aceptable. Y es difícil decirles que están completamente equivocados.
¿Tiene MLB una obligación de proteger a su figura más global a cualquier costo reglamentario, o en algún punto esa protección se convierte en ventaja competitiva ilegítima? La respuesta que la liga elija dar —o evite dar— definirá qué tipo de precedente quiere dejar para el futuro del juego bidireccional.

