Con apenas 23 años, Paul Skenes completó su primera temporada completa en las Grandes Ligas con los Piratas de Pittsburgh, y lo hizo con números que lo sitúan en la élite del pitcheo: 10-10, 1.97 de efectividad, 0.95 de WHIP y 216 ponches en 32 aperturas (187.2 innings).
Más allá del brillo individual, su 2025 queda grabado por una rareza histórica: según OptaSTATS, desde 1913 —cuando la efectividad se oficializó en ambas ligas— nadie había registrado 200+ ponches y ERA menor a 2.00 sin terminar con balance ganador. Hasta ahora.
Una última salida a la altura del relato
El 24 de septiembre, en Cincinnati, Skenes completó seis innings de dominio ante los Rojos de Cincinnati: 4 hits, 0 carreras, 7 ponches y sin decisión. Fue una radiografía perfecta de su año: superioridad sostenida desde la lomita, pero sin el respaldo suficiente para transformarlo de forma consistente en victorias.
La paradoja del as: dominio sí, victorias no
La campaña de Skenes desnuda lo impredecible del beisbol. Con semejante control del contacto y tasa de ponches, lo habitual sería un récord positivo. Sin embargo, factores externos —como el apoyo ofensivo intermitente y decisiones del bullpen— empañaron la columna de triunfos. El rendimiento, en cambio, fue incuestionable: comando, velocidad de élite y madurez competitiva impropia de su edad.
¿Cy Young a la vista para Pittsburgh?
La narrativa que deja Skenes no es solo estadística: es impacto. En un staff joven de Pittsburgh, su presencia marcó la pauta competitiva semana a semana. Con sus métricas de preventa y dominio, el derecho se instala entre los máximos candidatos a su primer Cy Young, una aspiración legítima para uno de los brazos con mayor proyección en Estados Unidos.
Lectura histórica y proyección
El récord que firma Paul Skenes es más que una curiosidad: es la validación de un perfil que ya influye en cómo se ganan (y se pierden) juegos en la MLB moderna. Si el acompañamiento colectivo se nivela, su techo competitivo es el de un as perenne. Por ahora, 2025 queda como el año en que un joven de Pittsburgh reescribió una línea estadística que parecía imposible.

