La recta final de 2025 ha puesto bajo el reflector a Anthony Volpe. El campocorto de los Yankees de Nueva York ha lidiado gran parte del año con una rotura parcial del labrum en el hombro izquierdo, una dolencia que se originó en mayo tras escuchar un “pop” en una jugada defensiva.
Desde entonces, su producción ofensiva se vino abajo, con un promedio de .197 durante los meses posteriores y altibajos a la defensiva. Pese a ello, el club lo mantuvo activo, convencido de su capacidad para competir en medio de la incomodidad.
Un repunte medible
La segunda inyección de cortisona cambió el tono de la conversación. Tras el procedimiento, Volpe ha respondido con una línea de .400/.—/.500 en siete juegos, respaldada por un 173 wRC+ y 0.3 fWAR en ese lapso.
En uno de sus primeros compromisos post-inyección, se fue de 4-2, con doble y una carrera impulsada, señales claras de que el swing volvió a encontrar el aire. No está al cien por ciento, pero su alza llega justo cuando los Yankees necesitaban sumar impacto en el plato.
Defensa bajo la lupa
La consistencia defensiva de Volpe ha sido puesta a prueba por el desgaste acumulado. Las métricas avanzadas lo han ubicado entre los campocortos con mayor carga de trabajo, un contexto que magnifica cada detalle técnico en el fildeo. Su decisión de seguir en el terreno, sin pasar por la lista de lesionados, refuerza la lectura interna: es una pieza clave en la reconfiguración del infield del Bronx.
La ecuación médica y el futuro inmediato
La directiva no descarta una intervención quirúrgica al finalizar la campaña si el hombro no responde como se espera. Por ahora, el enfoque es claro: manejar la dolencia, capitalizar el pico ofensivo y cerrar la temporada con productividad sostenida.
Con 24 años, Anthony Volpe combina juventud, resiliencia y capacidad de ajuste; si la salud acompaña, su perfil de campocorto completo sigue proyectándolo como eje del proyecto inmediato de los Yankees.

