Treinta y cuatro millones de dólares por dos años. Eso fue todo lo que costó Munetaka Murakami en el mercado de agentes libres, una cifra casi irrisoria para un jugador que hoy pone en jaque uno de los registros más celebrados en la historia reciente de la MLB.
Los Medias Blancas de Chicago fueron los únicos dispuestos a apostar. Chris Getz y su cuerpo directivo tomaron una decisión que la mayoría del béisbol desdeñó, y hasta ahora la apuesta luce como la más inteligente del invierno.
El número que nadie esperaba ver
Con 12 jonrones en sus primeros 29 juegos en Grandes Ligas, Murakami ya duplica la producción que Shohei Ohtani registró en el mismo lapso de su primera gran temporada ofensiva. En esos 29 partidos, Ohtani conectó seis cuadrangulares, produjo 20 carreras y registró un OPS (suma de los porcentajes de embasado y slugging) de .936. Murakami tiene 23 carreras impulsadas y un OPS de .965.
Munetaka Murakami keeps on MASHING 🤯 pic.twitter.com/HTnDNgurwu
— MLB (@MLB) April 28, 2026 La proyección matemática es tan llamativa como incómoda: al ritmo actual, el japonés terminaría la temporada con 56 jonrones, uno más que los 55 con los que Ohtani pulverizó en 2024 el récord de producción en una sola temporada para un jugador de origen japonés en Grandes Ligas —marca que el propio Ohtani había establecido en 2021 con 46.
Pero hay otro récord que Murakami ya posee en exclusiva: sus primeros 12 extrabases en Grandes Ligas han sido todos jonrones, la racha más larga de ese tipo al inicio de una carrera en la MLB desde al menos 1900. El anterior registro lo tenía Dae-ho Lee con 10 cuadrangulares consecutivos como primer extrabase en 2016.
Lo que los scouts vieron —y lo que ignoraron
El escepticismo tenía nombre y apellido estadístico. Geoff Pontes, de Baseball America, lo resumió con precisión en diciembre, cuando se cerró la firma: «El bateador muestra tasas de contacto por debajo del promedio contra prácticamente todos los tipos de lanzamiento, pero genera la mayor parte de su daño contra rectas. Su muestra contra velocidades de élite es limitada, aunque con una velocidad de bate por encima del promedio debería poder alcanzar la mejor velocidad de la MLB una vez que se acostumbre. Tiene dificultades con los pitcheos fuera de zona y con la rotación, con tasas de ponche superiores al 40% contra splits, cambios de velocidad, curvas y sliders en su última temporada en la NPB».
El perfil era el de un bateador de un solo recurso: poder bruto, contacto deficiente contra pitcheos de rompimiento. El modelo Joey Gallo —jonrones o ponches, poco más. Suficiente para que casi toda la liga mirara hacia otro lado.
Lo que los equipos subestimaron fue la capacidad de Murakami para forzar rectas. A través del 25 de abril, el japonés ponchó en el 32% de sus turnos —por encima del promedio, sí— pero caminó en el 21% de sus apariciones al plato, un porcentaje que ha mantenido a los lanzadores rivales en un dilema permanente: atacarle con rectas sobre la zona o entregarle bases por bolas. Cuando le atacan con velocidad, el resultado suele ser un jonrón. Cuando no lo hacen, avanza a primera de todas formas.
Su tasa de barril del 22% y su porcentaje de contacto sólido del 62% confirman que el daño no es producto de la suerte estadística. Murakami no está bateando sobre su nivel —está bateando exactamente al suyo.
El contexto que hace la cifra más grande
Ohtani llegó a la MLB envuelto en una expectativa sin precedentes: el lanzador-bateador que redefinió lo que un beisbolero podía ser. Murakami llegó como una pregunta sin responder, cargando un informe de scouting que más de un equipo usó como justificación para no firmarlo.
Que la conversación sobre el récord de jonrones de Ohtani en una temporada —el techo histórico para un jugador nacido en Japón— haya comenzado apenas en el mes de abril de su primera campaña en las Mayores dice todo sobre lo que Murakami ha hecho en este arranque. Los dos fueron compañeros en el Clásico Mundial de Béisbol, y el respeto mutuo es conocido. Pero en el béisbol, los números no distinguen entre amigos.
La temporada es larga y los pitcheos de rompimiento tarde o temprano encontrarán a Murakami con mayor frecuencia. Los lanzadores de la liga se adaptan. Lo que no cambia es lo que ya está en el libro de récords.
¿Podrá Murakami mantener este ritmo lo suficiente como para que la marca de Ohtani esté en juego en julio? La respuesta a esa pregunta convertirá al primer base de los Medias Blancas en el seguimiento obligatorio del verano.

