Las vuvuzelas cuestan entre cinco y seis veces más que antes en Haití. No importa. La gente las compra igual.
Ese detalle dice algo sobre lo que significa este sábado para un país que lleva más de 30 años acumulando heridas. Haití regresa a una Copa del Mundo después de 52 años de ausencia —es apenas su segunda participación en la historia del torneo— y el partido ante Escocia en el Boston Stadium, Massachusetts, se ha convertido en mucho más que un duelo de fútbol.
En la Plaza Saint-Pierre de Pétion-Ville, una pantalla gigante espera a quienes quieran ver el partido juntos. Las trompetas suenan desde días antes. La euforia ocupa el espacio público con una intensidad que, según quienes la viven, no tiene que ver únicamente con el balón.
Evens Lauréus, jefe de cocina de una empresa en Pétion-Ville, lo dice con una claridad que va más allá del entusiasmo deportivo:
«Creo en mi equipo, en mi selección nacional. Volvemos al Mundial después de 52 años. Es un Mundial que nos marca como haitianos»
Evens LauréusPara Lauréus, la clasificación no es un logro aislado. Es un punto de encuentro para una diáspora dispersa por la violencia.
«Todos los haitianos deben unirse, estén en el extranjero o no. Si Haití gana el trofeo, eso nos traerá seguridad y mejorará las condiciones de vida de los haitianos»
Evens LauréusMillones de haitianos han abandonado el país en los últimos años huyendo de la violencia. El Mundial, entonces, funciona también como hilo que conecta a quienes se fueron con quienes se quedaron.
«Un Mundial que nos aporta unión, para que todos los dirigentes y políticos estén animados por una toma de conciencia y combatan la miseria y la inseguridad. Para que todos podamos vivir en paz en Haití. Necesitamos paz en la mente y paz en el estómago. Eso significa mucho»
Evens LauréusLo que el fútbol no cura, pero sí alivia
El psicólogo Guesly Michel pone en palabras lo que muchos sienten sin poder explicarlo. No se trata de evasión, dice, sino de algo más humano y más urgente.
«Eso significa que tenemos sed de un momento de descanso y libertad. Necesitamos alivio y poder respirar. Y cualquiera que nos lo permita, lo abrazamos. Participar en un Mundial es un tiempo que nos permite respirar»
Guesly MichelMichel es preciso en un matiz importante: la alegría colectiva no es amnesia.
«no diría que los haitianos olvidan la inseguridad y la crisis. ¡No!, ¡no! No lo creo. Es más bien el deseo de vivir bien lo que hace que impulsar el país en estos momentos»
Guesly MichelY advierte que la fragilidad del contexto no desaparece con el pitazo inicial.
«Incluso antes del Mundial, pueden ocurrir eventos que recuerden que la crisis sigue presente. La situación sigue siendo frágil, pero eso no significa que no tengamos derecho a un momento de descanso y alivio»
Guesly MichelHaití sufre desde hace más de 30 años, según el propio Michel. El Mundial no resuelve eso. Pero ofrece algo que el país lleva demasiado tiempo sin tener en abundancia: un motivo colectivo para mirar hacia adelante.
«Creemos en la victoria en nuestros diferentes partidos»
Lauréus nombra a los jugadores con la familiaridad de quien los siente propios: Isidor, Bellegarde, Jean Jacques. No habla de figuras abstractas; habla de sus jugadores, de su selección.
«Apoyamos al equipo para animarlo a marcar goles. Creemos en (los jugadores) Isidor, Bellegarde, Jean Jacques. Creemos en el equipo. Tenemos una selección completa. Creemos en la victoria en nuestros diferentes partidos hasta ganar la copa. La participación en el Mundial significa muchas cosas para la nación»
Evens LauréusEste sábado, frente a Escocia en Massachusetts, Haití pisa una Copa del Mundo por segunda vez en su historia. La primera fue hace 52 años. Lo que ocurra dentro del campo importa. Lo que ocurre fuera, también.

