Los Rangers de Texas llevaban toda la noche persiguiendo el marcador. Lo alcanzaron. Y después, en la baja de la séptima entrada, lo rompieron.
Willson Contreras había puesto a los Medias Rojas de Boston al mando desde el primer turno: su bambinazo de dos carreras al jardín izquierdo central, con Wilyer Abreu en base, dejó el marcador 2-0 antes de que el Globe Life Field terminara de calentarse. Era el miércoles por la noche y Boston parecía el equipo más fresco en el campo.
Willson Contreras – Boston Red Sox (27) pic.twitter.com/pFrWPrL9bj
— MLB HR Videos (@MLBHRVideos) September 17, 2026 Pero los Rangers no cedieron. Jake Burger descontó con un doble de regla de tierra en la baja de la primera entrada, y Justin Foscue empató el partido en la cuarta con un rodado al cuadro central que trajo a Wyatt Langford. Mickey Gasper volvió a poner a Boston arriba en la quinta con un rodado productor, y Langford empató de nuevo con un sencillo esa misma entrada. Tres empates, dos cambios de ventaja: el tipo de partido que se decide en un momento concreto.
Ese momento llegó en la séptima.
Con los relevistas de Boston sin poder sostener la ventaja, Brandon Nimmo abrió la explosión con un línea afilada al jardín central que trajo a Corey Seager: Rangers 4, Boston 3, y la ventaja definitiva. Dos bateadores después, Ezequiel Duran conectó un incogible al jardín izquierdo que metió dos más, a Burger y al propio Nimmo. En cuestión de minutos, el marcador pasó de 3-3 a 6-3. Corey Seager añadió otro en la octava con un sencillo al jardín derecho para el 7-3 final.
La historia del partido en el montículo es la de dos abridores que salieron temprano y dos relevistas que definieron el resultado en direcciones opuestas. MacKenzie Gore trabajó solo cuatro entradas para Texas: dos hits, pero tres carreras y tres boletos, lo que explica por qué Boston dominó la primera mitad. Jake Bennett fue más lejos para Boston —salió con dos outs en la quinta entrada tras entregar ocho imparables y tres carreras en 4.2 entradas— pero sus siete ponches mantuvieron el partido vivo mientras duró.
Nathan Eovaldi fue quien cerró la historia. Cuatro entradas, un solo hit, cero carreras y un ponche: el trabajo de relevo que convirtió la séptima en el golpe definitivo y no en un capítulo más de un partido parejo. Con esa actuación, Eovaldi se llevó su undécima victoria de la temporada (11-9, 4.07 de efectividad). Del otro lado, Erik Miller —que llegaba con efectividad de 2.79 y récord de 4-1— absorbió la derrota tras permitir tres carreras en una entrada de trabajo en la séptima.
Boston termina la noche con apenas tres imparables en todo el partido, lo que dice más sobre el resultado que cualquier línea individual. Los Medias Rojas se quedan 82-70, a 10.5 juegos de los Rays de Tampa Bay en la División Este de la Liga Americana, y a cinco del comodín. Con dos derrotas seguidas y el calendario apretándose, el margen de error se achica.
Texas, en cambio, lleva cuatro victorias consecutivas y se instala en 76-76, empatado con los Astros de Houston al frente de la División Oeste de la Liga Americana. A un juego del comodín, cada victoria de aquí al final de temporada vale el doble.

