Más de cuatro horas antes del salto inicial, el Madison Square Garden ya lucía acordonado como si fuera Nochevieja en Times Square. La visita de Donald Trump al Juego 3 de las Finales de la NBA entre los Knicks de Nueva York y los Spurs de San Antonio convirtió al mítico recinto en una zona de seguridad de nivel presidencial, con filas interminables, puntos de control escalonados y la cancelación de la ya tradicional watch party frente al estadio.
Trump se convirtió así en el primer presidente en ejercicio en asistir a un juego de las Finales de la NBA, un hecho histórico que, sin embargo, llegó acompañado de una logística que puso a prueba la paciencia de los aficionados neoyorquinos.
Operativo sin precedentes en el corazón de Manhattan
El Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) y el Servicio Secreto instalaron barreras para restringir el tránsito peatonal y vehicular en los alrededores del Garden mucho antes de que abrieran las puertas. A los fanáticos se les pidió llegar con dos horas de anticipación, presentar su entrada o pase en distintos puntos de revisión y pasar por magnetómetros similares a los de los aeropuertos, operados bajo el protocolo de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por sus siglas en inglés).
Además, se prohibió el ingreso con bolsos de cualquier tipo para los portadores de entrada, y la watch party que durante toda esta postemporada se había celebrado frente al estadio fue cancelada y relocalizada a Bryant Park, a pocas cuadras del perímetro de seguridad.
«El NYPD, en coordinación con el Servicio Secreto, tomó la decisión de que para el Juego 3, con la visita presidencial, no podíamos dar soporte a las watch parties justo afuera del Garden», explicó la comisionada de Policía Jessica Tisch en una conferencia de prensa. «Esperamos poder recuperarlas para el Juego 4. Creo que los neoyorquinos están acostumbrados a que los presidentes vengan a la ciudad, y entienden que eso generalmente implica el cierre de áreas, y eso es lo que van a ver esta noche en el Garden».
Un antecedente reciente: el caos del US Open
No es la primera vez que la presencia de Trump genera complicaciones masivas para los espectadores. En el pasado Abierto de Estados Unidos de tenis, miles de fanáticos se perdieron el inicio de la final masculina entre Carlos Alcaraz y Jannik Sinner debido a las largas filas generadas por las medidas de seguridad adicionales. Aunque la Asociación de Tenis de Estados Unidos (USTA) retrasó media hora el comienzo del partido, muchos aficionados todavía no habían podido ingresar al Estadio Arthur Ashe cuando arrancó el encuentro, en cuya suite Trump presenció el juego.
Entradas a precio de alquiler mensual en Nueva York
La visita presidencial agravó una situación que ya era difícil de por sí para los fanáticos de los Knicks: el precio mínimo de una entrada para el Juego 3 superó los 5,000 dólares, más que el alquiler mensual promedio en la ciudad de Nueva York. Las mejores ubicaciones se cotizaron en decenas de miles de dólares.
El alcalde Zohran Mamdani, quien también estuvo presente en el partido, reveló que adquirió su boleto directamente en la taquilla del Garden por alrededor de 1,000 dólares, correspondiente a un lugar de pie.
La dificultad de acceder al recinto empujó a miles de fanáticos a bares, calles y puntos de reunión por toda la ciudad. La watch party frente al Garden se había convertido en un evento central de esta postemporada.
«Nos adaptamos», dijo el base de los Knicks José Alvarado, nativo de Nueva York. «Somos neoyorquinos. Vamos a encontrar la manera de ver el partido, y eso es lo que estamos haciendo».
Los Knicks, a dos victorias de su primer título desde 1973
El telón de fondo de todo este operativo es una serie histórica. Los Knicks llegan al Juego 3 con 13 victorias consecutivas en estos playoffs, lo que los tiene a solo dos triunfos de conquistar su primer campeonato de la NBA desde 1973 y de alcanzar el título por primera vez desde que llegaron a las Finales en 1999.
El pívot Mitchell Robinson, consultado sobre la presencia de Trump en el Garden, fue escueto: «Genial, supongo. Podemos salir a jugar sin importar quién esté aquí y quién no».
Para los Knicks, el ruido alrededor del Garden es solo el escenario. La cancha, por ahora, sigue siendo de ellos. ¿Podrá la presión del momento —y de una ciudad entera volcada en sus calles— empujar a Nueva York hacia un título que lleva más de medio siglo de espera?

